13 de diciembre de 2016

El bosque de piedras de Huayllay


Hace tres años fuimos a Huayllay para conocer el bosque de piedras y nos quedamos con las ganas gracias al soroche (aquí les cuento). Este año salimos nuevamente a conquistar este destino, así que tomamos la nueva carretera a Canta y nos fuimos rumbo a Huayllay. Como cuando fuimos por primera vez, de nuevo nos afectó la altura; pero en esta ocasión no sufrimos solos porque viajamos con unos amigos, Varinhia y Rogger; además esta vez no nos iríamos de Huayllay sin conocer su fantástico bosque.

La nueva carretera a Canta

Salimos antes del amanecer a recoger a nuestros amigos. Luego tomamos la Av. Túpac Amaru que lleva directo a la carretera a Canta. Tenía muchas expectativas por ver que tal había quedado, pues hace poco que la han terminado. La primera impresión que tuve es que hicieron bien su trabajo. Donde termina la avenida, y considero que era la peor parte por la cantidad de cráteres que habían, se abre una amplia y plana carretera. Espero que le hayan puesto una buena capa de pavimento y dure así muchos años.

Mientras dejábamos la ciudad atrás y atravesábamos las primeras chacras fuimos testigos de un fenómeno luminoso interesante. Llegamos a una zona donde siempre se acumula la niebla y, obviamente, quedamos rodeados por ésta. Lo especial fue que a pesar de que ya había amanecido y la luz del día ya era blanca (estaba nublado), de pronto al entrar en la niebla todo se veía azul. La bruma no era muy densa y nos permitía ver de forma difuminada la carretera, las chacras, las lejanas casas con sus luces aún encendidas y los pequeños cerros que nos rodeaban, todo eso, pintados de diferentes tonos de azul. Disfrutamos de esta coloración por unos tres kilómetros cuando, nuevamente sin adivinar lo que vendría, la niebla se terminó y todo lo azul tomo su coloración natural con un ligero toque de amarillo por los rayos de sol que ya se dejaban ver entre los cerros.

Pero volviendo al tema de la carretera, ésta es amplia y las curvas permiten avanzar sin disminuir mucho la velocidad. La señalización es buena excepto por un par de letreros que podrían llegar a confundir sobre la dirección de hacia dónde está Canta y hacia dónde Lima; pero lo único que debemos hacer es seguir la carretera, pues no hay desvíos importantes como para perderse.

Llegamos a Canta en un par de horas, considero que es un buen tiempo avanzando sin apuros y sólo tuvimos una ligera pérdida de fuerza en el carro en la última subida antes de llegar. No sé si porque es empinada o por la altura o simplemente cuestiones del carro; tampoco imaginaba que sería un presagio de lo que pasaría después. Es la primera vez que no viajamos a la sierra en nuestro fiel Suzuki Alto, así que ya les contaré que tal se portó éste carro, a ver qué opinan.

A prepararse para la altura, rumbo a Huayllay

Paramos afuera del mercado para tomar desayuno. Algo ligero, pero que llene y por su puesto un mate de coca. Buscamos también una farmacia para comprar pastillas para el soroche. No tenían. Nos vendieron unas que eran para los mareos y el vómito y nos tomamos una cada uno. Ya preparados, salimos rumbo a la cordillera de la Viuda y Huayllay.

Barbie nos acompaño en le desayuno.

La primera vez que cruzamos esta cordillera sabíamos que tenían planes de ampliar y pavimentar esta carretera que es una alternativa a la carretera Central si van de Lima a Cerro de Pasco, Huánuco y más allá. Esta ruta nos permite ahorrar unos 50 km hacía esos destinos. 

Aquella oportunidad encontramos una carretera con un buen afirmado, aunque angosta; ahora ya han pavimentado los primeros 20 km, mejor dicho, hasta un pueblo llamado Culhuay. Y a pesar que hay una zona de abismos de considerable altura, la carretera es amplia y permite ir a buena velocidad con mucha seguridad.

Pasando Cullhuay hay maquinas que están trabajando en la ruta. Tuvimos mucha suerte que no nos hicieron parar porque hay momentos en que cierran el trafico mientas realizan su trabajo. Pasando esta zona el afirmado nuevamente se hace ancho, además que han cambiado el trazado para evitar dar muchas vueltas. Esto ha generado que cambie el paisaje que rodeaba el camino, algunas quebradas, planicies y caídas de agua ya no se ven más.

Antes de lo pensado ya estábamos debajo de la Viuda. Con entusiasmo les avise a mis amigos para que puedan apreciar la laguna Chuchón; sin embargo, quedamos decepcionados. Suponía que habría menos agua porque estábamos justo al final de la época seca; pero lo que vi me dio un poco de pena. No pensé que podría estar tan vacía. Será ese su ciclo natural o será que se nos están acabando las reservas de agua.

Esta es la laguna Chuchón de hace tres años, cuando fui por primera vez. Esta vez estaba casi vacía.

Pasando esta laguna sigue la de 7 colores. Ésta sí tenía agua, aunque como estaba nublado no se apreciaba al máximo su gama colorida. Pasando esta laguna la carretera solía subir serpenteando entre los cerros, ahora sube casi recto. No sé si es cosa mía; pero creo que las curvas de antes le daban su toque singular al paisaje.

Esta foto también es de la primera vez que estuve por allá. Ahora la carretera va directo y se ahorraron todas esas curvas.

Y aquí es donde se llega a la parte más alta de la carretera, a partir de este punto la altura promedio es de 4,550 msnm hasta llegar a Huayllay donde baja solo unos 200 metros. En esta ocasión sí tenía planeado ir directo hasta allá. Nada de desviarse a ningún pueblito, ni de morirnos de frío, ni terminar con el tubo de escape roto y recorriendo la puna de noche; pero lo que sí sucedió tal cual la primera vez fue que nos afectó la altura. En cierto punto del camino empezamos a sentirnos mareados y con sueño, esas pastillas que nos tomamos no sirvieron de mucho. Paramos al costado del camino a descansar de tanta curva y todos nos quedamos dormidos dentro del carro.

Después de esa breve parada continuamos el recorrido. Por mi parte no tenía ánimos de nada más que de llegar a Huayllay a comer y descansar, así que fui tan rápido como el afirmado lo permitía y llegamos a nuestro destino poco más del medio día. Unas 3 horas desde que salimos de Canta.

Sería interesante saber de qué tipo de rocas está formada la zona roja de esa montaña.

Al parecer esta vista me ha impresionado por segunda vez. Viendo las fotos del primer viaje me di cuenta que también le había tomado una foto a esas mismas montañas. 

Zona minera.

Es como si hubieran pegado dos montañas de distintos colores. 


Colores producto de la erosión.

Al carro también le dio soroche

Como les comentaba, esta vez no nos acompañó nuestro fiel Rojito que anda de vacaciones en Trujillo. En esta ocasión usamos el carro de mi mamá, un Citroën C4 del 2011 con motor 1.6 y caja de cambios automática-secuencial. No conozco mucho ese carro, el único viaje que hicimos con éste fue para venirnos de Trujillo a Lima y se portó como uno espera que se comporte un vehículo de esas características.

Sin embargo, en este viaje el Citroën me decepcionó. Toda mi vida pensé que si mi pequeño Suzuki y su modesto motor llega a cualquier altura y sin problemas (aclarando que en subidas empinadas y en altura sube lento; pero sube), cualquier otro carro con motor más grande obviamente tendría un mejor desempeño. Nada de eso. Con este carro he sufrido para las subidas y los adelantos.

Sucede que el motor demoraba en revolucionar y agarrar potencia, eso es normal, creo yo, si vas por una cuesta a más de 3,000 metros de altura; el problema era que al acelerar a fondo y presionar el botón del kick down (para bajar de tercera a segunda, por ejemplo) el cambio nunca sucedía o lo hacía después de unos largos segundos y nuevamente las revoluciones caían y perdía potencia. Cansado de esa situación puse la palanca en modo secuencial para controlar los cambios de forma manual. Nada de nada, por más que subía o bajaba la palanca, los cambios entraban cuando a la caja se le ocurría, ya sea que estemos en subida o en bajada.

No soy experto en mecánica ni electrónica y tengo muchas teorías sobre lo que le pasó al carro; pero algo me dice que la falta de oxígeno fue lo que afecto a sea lo que sea que controla la caja de cambios porque cuando llegamos a Tarma la caja empezó a realizar los cambios tal como uno espera que suceda. Si algún lector experto nos puede explicar el porqué de esta situación, estaremos muy agradecidos de aprender algo nuevo.

Huayllay y el bosque de piedras

Llegamos a Huayllay cansados, de hambre y justo para la hora de almuerzo. El problema era que no podíamos movernos tan rápido como queríamos. Caminábamos lento para no marearnos, mientras los niños que salían del colegio pasaban corriendo a nuestro lado diciendo: "estos limeños están con soroche".

Fuimos a la plaza, entramos al único restaurante que conozco, no porque no haya más, sino porque ese nos quedaba más cerca y nadie quería caminar más de la cuenta. Pedimos menú. No lo terminamos. Fuimos a hospedarnos al hotel del costado a sufrir nuestro soroche; mientras que en la plaza de Huyallay un animador convocaba a la gente para celebrar no sé qué con música y fiesta, tal cual sucedió la primera vez, parece que en este pueblo todas las tardes son de fiesta.

Al día siguiente, después de una noche que se nos hizo eterna, salimos a buscar desayuno. Nos sentíamos algo mejor; mas no con los ánimos suficientes para hacer todo lo que habíamos planeado para esos cuatro días: ir a los baños termales, recorrer el bosque de piedras, luego dar una vuelta por Cerro de Pasco y algunos otros pueblos para después ir, si quedaba tiempo, a Huánuco.

Por nuestro lado, queríamos comer y descansar hasta adaptarnos mejor; no obstante, mis amigos querían regresarse a Lima, no soportaban lo que sentían. Y bueno, tuvimos que improvisar y cambiar los planes. Después del desayuno fuimos al hospital a que nos den algo de oxígeno para después recoger nuestras cosas y salir rumbo a Tarma.

Arco de entrada a la plaza. Al fondo, de fachada amarilla, el hotel donde nos quedamos. 

La plaza y sus niños jugando.

Iglesia de Huayllay.

¡Ah, no; eso sí que no! pensé─. Esta vez no me iría sin conocer el bosque de piedras. No sería posible que por segunda vez intente conocerlo y sea vencido por el soroche y termine huyendo a tierras más bajas. Así que salimos del hotel rumbo a la selva central; no sin antes hacer una parada para entrar al bosque de piedras.

Recorrimos unos 7 km y vimos el primer letrero que anunciaba el ingreso al bosque. Un amable guardaparques nos explicó que hay tres rutas para recorrerlo, en cada una se pueden ver las diferentes figuras de rocas que uno suele ver las fotos. La primera, la más corta, es de aproximadamente 2 horas a pie. La segunda podría tomar entre 3 a 5 horas a pie. Y por último la más larga; pero en la que se puede entrar en cualquier vehículo y llegar hasta una laguna. Esa fue la que tomamos, nadie quería caminar.

La entrada a esta última está unos 4 km más allá por la misma carretera. Hay un portón y un letrero que la señala. El costo de ingreso es de S/. 2 por persona y S/. 1 por el vehículo, o al revés; ya lo olvidé. El camino es afirmado y sólo deben seguir por ahí. En el trayecto podrán encontrar algunas de las figuras de roca y lo demás hay que dejarlo a la imaginación. Para ser honesto, mi imaginación no estaba muy productiva ese día; pero igual quedé impresionado con los monolitos y las formaciones rocosas, muchas de ellas unas sobre otras de manera tan caprichosa y a la vez en perfecto y eterno equilibrio.

Según mis cálculos, el bosque tiene una extensión aproximada de 13 por 5 kilómetros, con eso ya se hacen una idea de lo grande que es y que no es posible recorrerlo todo en un solo día. Y aunque algunos podrán decir que si viste una parte ya viste todo pues al fin y al cabo son puras piedras, yo pienso que es un lugar impresionante para dejar volar la imaginación y cada rincón descubrir algo nuevo. En fin, hay tours para todos los gustos.

Camino hacia el bosque de piedras.

El hongo.


El cóndor.


El sapo.

Qué gigante caprichoso habrá dejado las rocas unas sobre otras.




Laguna al final del camino. Se llama Japurín, si no me falla la memoria.

La llama, este no es su mejor ángulo. 

Yesica y el elefante.

Si bien esta ruta en auto facilita mucho las cosas, la verdad hubiera preferido ir a pie, meterme entre las rocas, tocarlas y sentir su inmensidad. Aún queda mucho por ver en el bosque de piedras y también nos quedamos sin ir a los baños termales, así que no será la última vez que visite Huayllay.


Puedes ver más fotos en el álbum de Facebook.


Prepárate para el viaje


Distancias: (aproximadas)

  • Total recorrido desde Lima - Canta - Huayllay: 220 km 
  • Lima - Canta: 100 km.
  • Canta - Huayllay 115 km.


Carretera: 

  • Lima - Canta: pavimentada y señalizada; carretera nueva.
  • Canta - Huayllay: pavimentada hasta Cullhuay, sin señalización. A partir de allí afirmada, en buen estado. Hay zonas donde están haciendo trabajos y es posible que detengan el tráfico por algunos minutos.


Grifos: Después de Canta no vi ninguno en toda la ruta, es mejor salir con el tanque lleno desde Lima.

Dónde comer: En el camino pueden parar en las piscigranjas Huaros y Cullhuay y comer una trucha frita recién sacada del agua. Luego no hay nada hasta Huyallay.

Dónde quedarse: En Huayllay nos fuimos directo al hospedaje de la plaza, la habitación matrimonial te la pueden dejar hasta en S/. 50. Hay más hospedajes que deben ser más económicos, todo es cuestión de buscar.

Mejor tiempo para visitar:

  • Diciembre - marzo: época de lluvias, todo está verde y hace poco frío. Hay probabilidad de que caiga nieve en la ruta.
  • Abril - junio: época seca, todo sigue verde y hace poco frío.
  • Julio - setiembre: época seca, se terminó lo verde y hace mucho frío. Hay posibilidad de que caiga nieve en la ruta.
  • Octubre - noviembre: probabilidad de lluvias, empieza a ponerse verde y hace poco frío.


Sugerencias: 

  • Llevar provisiones de hojas o mate de coca, aquí el 80% del camino la pasarás a más de 4,300 m de altura.
  • Llevar buen abrigo si van entre julio y setiembre, hace demasiado frío y el clima puede ser impredecible.
  • Llevar provisiones, una vez que pasan Cullhuay no hay donde comprar nada hasta Huayllay.


Mapa: aquí he marcado en azul la ruta desde el pueblo de Huayllay hasta el ingreso vehicular al bosque, son aproximadamente 11 km. En amarillo está la ruta que seguimos dentro del bosque, es una trocha afirmada hasta la laguna; pero si van en un vehículo todo terreno pueden salir del camino y acercarse más a las piedras; eso sí, siempre respetando el entorno y sin contaminarlo.




Por: Jorge David Cachay Salcedo
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22 de septiembre de 2016

La pampa de Ayacucho y el bosque de Usqu Willka


El conductor de la combi, muy amable él, nos llevó hasta la pampa. Éramos una pareja de enamorados y yo los que estábamos dentro, los otros pasajeros se habían quedado en el paradero del pueblito de Quinua. A medida que subíamos, se hacía visible el imponente obelisco de mármol blanco y más de 40 metros de altura.

Nos detuvimos. Habíamos llegado a la pampa de Ayacucho o pampa de la Quinua como también la conocen. Salimos del vehículo y luego de dar unos cuantos pasos un pequeño estremecimiento recorrió mi cuerpo; quizá el saber que justo allí se desarrolló una batalla, de algún modo, me hizo sentir reverencia y respeto por aquel lugar. Sospecho que mis compañeros de viaje sintieron lo mismo pues también dieron unos cuantos pasos y se quedaron parados contemplando todo alrededor.

Allá en la pampa se pueden hacer paseos a caballo, comprar artesanías en una pequeña feria, comer algo típico y hay niños guías que se te acercan para contarte la historia de la batalla y algunos datos del sitio a cambio de una propina; sin embargo, habíamos llegado antes de la hora habitual pues no había ni un solo caballo y los pocos vendedores de artesanías y comida, y niños aún se encontraban tomando desayuno.


Y allí nos encontrábamos, sin nada más que hacer que contemplar el obelisco, la pampa y el paisaje. Me acerqué y les pregunté si ya conocían y les comenté que mientras subíamos en la combi había visto un letrero que decía Bosque de Usqu Willka y que si les parecía buena idea podríamos ir a conocerlo. Aceptaron.

Este bosque tiene un área aproximada de 100 hectáreas y allí se puede encontrar gran diversidad de flora y fauna silvestre. Desde Quinua al bosque, hay unos 6 km por una trocha por la que pueden ir en carro los que deseen ahorrarse la caminata, aunque siempre es mejor ir a pie y disfrutar paso a paso el entorno. En nuestro caso, íbamos a jugar a los exploradores pues desde la pampa ni siquiera sabíamos cómo llegar al camino que lleva a Usqu Willka. La única referencia que teníamos era el letrero que daba inicio al camino y que se dirigía hacia el este.

Juguemos en el bosque mientras el lobo no está...

Desde la pampa, miramos hacia esa dirección, divisamos una trocha, se veía cerca y comenzamos la caminata hacia ese lugar. Cuando llegamos al borde de la pampa experimentamos la relatividad de las distancias en la sierra, pues un "aquicito no más" no siempre significa cerca; en nuestro caso ahora teníamos que descender por una quebrada.

Temprano, cuando llegamos, estaba nublado y caía una ligera llovizna, ahora el sol empezaba a asomarse entre las nubes mientras entrábamos a una zona de eucaliptos que, junto con el aroma a tierra mojada, perfumaban el ambiente; a lo lejos se sentía el rumor de una caída de agua, seguimos el sonido y llegamos hasta una cascada. Más naturaleza que eso, imposible.

Teníamos que ir hacia allá, pasando ese cerro, allicito no más.



Eucalipto fresco y tierra mojada, una agradable sensación para el olfato. 

A partir de ese punto teníamos que subir y al fin llegamos hasta la trocha que habíamos visto, el sendero que lleva al bosque. Lo lógico hubiera sido seguir por él; pero nosotros en el afán de ahorrar pasos decidimos cortar distancia atravesando el bosque. Nuestro razonamiento había sido: si viene en zigzag desde abajo, igual sigue hacía arriba.

Subimos el cerro atravesando el bosque; pero ya no volvimos a toparnos con el camino. A pesar de ello, no nos sentíamos perdidos pues para regresar bastaba con volver sobre nuestros pasos. Lo que sí hallamos fue un claro en medio del bosque lleno de flores e insectos. Allí nos quedamos un rato mientras un ave rapaz chillaba y volaba en círculos sobre nosotros, seguramente su nido estaba por ahí cerca. 



Flor de papa.

Encuentren al saltamontes.



Luego de nuestro breve descanso en medio de toda esa paz continuamos. A medida que entrábamos más en el bosque, el follaje se hacía más denso hasta el punto en que ya no era fácil ver el cielo, la escasa luz y el silencio que nos acompañaba, pues solo se escuchaban nuestros propios pasos sobre la hojarasca, le daba un toque tenebroso al entorno. En ese momento, empezamos a sentirnos perdidos, quizá más por el efecto psicológico que producía todo ese ambiente, que por el mismo hecho de estar perdidos. Sin embargo, nos pusimos a bromear sobre ello.

Por aquellos días andaba de moda "el caso Ciro": una pareja que se había perdido en el cañón del Colca; a la chica la encontraron viva luego de algunas semanas y al chico, a Ciro, lo encontraron años después, muerto. Nuestro estado no era para tanto; pero nos entreteníamos comentando las diferentes hipótesis de lo que les habría pasado a esos chicos, de lo que nos podría pasar a nosotros en ese bosque y de dónde podría estar Ciro porque hasta ese día todavía no lo habían encontrado. 

Hicimos otra parada después de más de una hora de caminata. Como no habíamos seguido la ruta oficial no teníamos certeza de si ya estábamos en nuestro destino, lo que sí era seguro es que nos encontrábamos en medio de un denso bosque, y Usqu Willka es justo eso, un bosque, así que dimos por hecho nuestra llegada. Además, por otro lado, convenimos que no era prudente continuar pues, rodeados de árboles como nos encontrábamos, no podíamos precisar qué tan lejos nos encontrábamos de la pampa y mucho menos por dónde regresar. Estábamos perdidos, ahora nos tocaba buscar troncos y leña para construir una cabaña y hacer una fogata, seríamos los nuevos habitantes de la montaña. No, eso no pasó, solo iniciamos nuevamente la caminata, pero esta vez descendiendo.

Esta plantita crecía del musgo de la roca.

Todos los árboles tenían esta clase de hongos creciendo en sus troncos.

Esta flor de aspecto extraño es muy común en la zona, pertenece a la familia de las calceolarias.

El follaje ya no dejaba ver el cielo.


Hongos por doquier.

Esta flor es diminuta, todo este ramito medía un par de centímetros.

A los pocos minutos nos topamos con la trocha. Continuamos por ahí y poco a poco cambiábamos los frondosos árboles por unos campos de cultivo no se si de avena, cebada o trigo; pero que con el bosque de fondo dibujaban un bonito paisaje.

Dejamos los cultivos atrás con un par de zigzag del camino, ahora íbamos rodeados por los arbustos de esas flores amarillas con forma de cuchara (que son típicas del lugar) y unos cuantos árboles. Íbamos bordeando la quebrada hasta que llegamos al punto más bajo donde había un puente de piedras y troncos. A partir de allí nos esperaba la subida.

Nosotros queríamos ir al obelisco y de haber continuado por este camino hubiéramos llegado primero al pueblo para luego subir nuevamente hacía la pampa. Ese recorrido se nos hacía largo; más aún, teniendo en cuenta que desde nuestra posición solo teníamos trepar por la ladera para conseguirlo. Tiempo después, ya en la pampa, y mientras nos recuperábamos del agotamiento tirados en el pasto, reflexionamos en que quizá lo mejor hubiera sido optar por la primera opción.

Sucede que la subida por la ladera era empinada. Y sí que era empinada porque a pesar de ya haber estado caminando por más de tres horas, la mitad del tiempo subiendo una montaña, en esta ocasión empezamos a sentir que nos faltaba el aire. Felizmente a media subida nos encontramos una pradera y pudimos descansar un poco cerca a unas ovejas pastando y un solitario perro que nos miraba con curiosidad.

Dejando el bosque atrás.





El último tramo fue lo peor. Si ya de por si la subida era empinada, ahora se sentía el doble pues el suelo era arenoso y además había que tener cuidado de no tropezar con las raíces de los árboles que sobresalían. Llegamos a la cima con la lengua afuera y sin aire, directo a tirarnos al pasto a recuperarnos de la ardua subida.

Una vez recuperados nos dirigimos al obelisco. A diferencia de cuándo llegamos ahora sí había movimiento: uno que otro turista, campesinos pastoreando sus ovejas, un grupo de música folclórica grababa un vídeo clip y los vendedores de artesanías y comida que ya habían abierto sus puestos.





Ya en el monumento nos pusimos a recorrerlo. Se puede subir al obelisco, tiene un pequeño y estrecho balcón con una bonita vista hacia la pampa. Dentro de éste también hay una especie de museo con un traje y unas pinturas que prácticamente están allí colocados a su suerte, además de que el lugar carece de iluminación.

Personalmente cada vez que salgo de viaje me inclino más por los paisajes, la arquitectura, la flora y fauna; no soy mucho de apreciar las ruinas, monumentos o museos. No obstante, considero que lugares como éste que fueron sitios importantes durante el desarrollo de nuestra historia, no deberían estar así, prácticamente olvidados por las autoridades y cuyo único atractivo a parte del obelisco en sí mismo, sea el subir a ese estrecho balcón.


Estos cañones estaban cerca al obelisco. Años posteriores que visité el lugar no los volví a ver.


Desde el balcón del obelisco. En esta pampa se desarrollo la batalla.

Y así fue mi primer contacto con el Santuario Histórico de la Pampa de Ayacucho, pues ese es su nombre oficial, lugar donde puedes echarte en el pasto, contemplar la nubes y sentir mucha paz, siempre y cuando no haya mucha gente. Además también ésta el hecho de poder ir al bosque de Usqu Willka y sentirte en contacto pleno con la naturaleza silvestre, exceptuando lo de sentirse perdido que no es una sensación agradable, felizmente no estuve solo.

¡Ah! y si lo tuyo no es caminar, pero también quieres sentirte en medio de la naturaleza puedes subirte a un caballo y pedir que te lleven a las cascadas. Pagas un sol por persona como derecho de ingreso y allí también hay árboles y flores, además de unos miradores para apreciar las caídas de agua.


Si quieres ver más fotos puedes ir al álbum de Facebook.


Por: Jorge David Cachay Salcedo
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